Entrevista en Magazine Digital

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El último día de mi vida: Ainhoa Arteta
“Estoy orgullosa de mis hijos y de haberme reconciliado con mi padre”

Es de quienes piensan que en su vida han vivido ya cuatro o cinco vidas más, porque un día es para ella tan intenso como un año para una persona normal. Por eso, de reencarnarse, le gustaría hacerlo en un oso panda, para pasarse el día sentada comiendo bambú. Quería ser bailarina de ballet, pero su padre le dijo que con esas piernas que tenía y tiene había nacido para cascar las nueces, en vez de para bailar el Cascanueces. Y enton­ces, José Ramón, que así se llama su padre, le regaló un disco de Maria Callas. Y se puso a cantar. Hasta hoy. Ainhoa Arteta (Tolosa, 1964), que inaugura con Josep Carreras el Festival de Pedralbes el 6 de junio, tiene grabadas en su memoria dos avemarías cantados en la última década. El último, en su primera Semana Santa en Sevilla, en el 2016.

–La iglesia de la Macarena estaba atestada, como el camerino de los hermanos Marx en Una noche en la ópera. Por un lado, los soldados romanos; por otro, los nazarenos. Todo el mundo moviéndose, y yo despistadísima. De repente me encontré cantando frente a la Macarena. Y no sé cómo explicarlo, pero esa figura, esa cara, iba transformándose a medida que cantaba. Sé que la gente pensará que estoy alucinando. No soy una de esas personas que se pasan todo el día rezando el rosario, pero lo que vi y sentí era de tal magnitud que creí que no iba a poder terminar de cantar.

–¿Trascendió?
–Estoy convencida de que fue un momento de trascendencia; provocó un cambio en mi vida. He notado cómo, de repente, veo las cosas con más serenidad, con más calma, con más claridad.

Cree que hay algo más allá de la muerte. “No sé si existen el cielo y el infierno, pero creo que hay más dimensiones que en la que vivimos; que hay más sentidos que nuestros cinco sentidos y que hay más dimensiones. Esto no se acaba aquí”, sentencia. Y no le tiene miedo. “Mi madre se fue con una sonrisa, y siempre he visto un halo de paz en los fallecidos. No he visto la luz después del túnel y esas cosas que dicen, pero sí que veo que se van tranquilos mientras que los demás nos quedamos hechos polvo. Es como si llegaran a una fase en la que están mejor que en esta”, argumenta.

El otro avemaría lo cantó en el 2008 en el funeral de su madre. Fue, recuerda, una de las cosas más duras que le han pasado en la vida. Ainhoa estaba obcecada en que no se podía morir, que iba a ser la primera superviviente a un cáncer de páncreas. “Nunca he admitido un no, que me vencieran en algo; y esa fue la primera vez en que me sentí vencida. Aprendí una gran lección: en la vida no se puede todo, hay que dejarla fluir”. Estaba destrozada, y fue “tremendamente cruel que no me dejaran cantarla durante la misa. Tuve que hacerlo antes, y los curas no entraron en la iglesia hasta que terminé de cantarla”.

–¿Qué le dijo su padre cuando acabó?
–No me dijo nada porque no nos hablábamos. Estuve muchos años enfadada con mi padre porque tuve una infancia muy difícil. Fue muy exigente conmigo y quedé marcada. Luego, cuando me tuve que enfrentar a la vida de verdad, la que te da las tortas sin anestesia, me puse en su lugar y entendí que lo que hizo, lo hizo por mi bien.

Su madre era su refugio ante su padre. Al morir, la soprano tuvo que hacer frente a su historia, con un padre, describe, nacido en la posguerra, exseminarista, muy austero, que a sus 83 años se ducha cada día con agua fría y todavía la riñe.

–Perdí a una madre, pero recuperé a un padre.

Y Josera, a una hija nacida para cantar.

1. Si supiera que mañana es el último día de su vida, ¿qué haría? ¿Cómo lo pasaría?
Sin ninguna duda, una gran fiesta con los míos y sonriendo hasta el último minuto porque eso lo aprendí y lo vi con mi madre.

2. ¿Qué le hubiera gustado hacer y ya no podrá porque no tendrá tiempo?
Aprender a cocinar con mi madre y como cocinaba ella. Lo añoro cada vez que me pongo delante de la cazuela y me digo: “¡Qué tristeza! ¡Con la cocinera que tuve yo en casa y no soy capaz de hacer nada más allá de un huevo frito!”.

3. ¿Qué aconsejaría a los que se ­quedan?
Que vivan la vida con intensidad. Pero, sobre todo un consejo, que no se enfaden por tonterías o bobadas. Que no pierdan un solo segundo en las tonterías banales diarias porque todo, al final, tiene solución.

4. ¿Cómo diría que fue su vida?
Muy intensa y vivida a mucha velocidad. A veces me da la sensación de que me pasan tantas cosas durante el día que me pasan en un día las cosas que a una persona normal le pasan en un año. Entonces no me da tiempo a veces a analizar todo lo que me ha pasado. Intensa, rápida y con cosas estupendas continuamente.

5. ¿De qué está más orgullosa?
De mis hijos, porque me enseñan cada día una lección nueva. Y también de haberme reconciliado con mi padre. Yo siempre estaba enfadada y mal con mi padre, y sin embargo hace unos años me reconcilié con él, y de eso estoy muy orgullosa también.

6. ¿Se arrepiente de algo?
Sí, de no haber pedido perdón antes en muchas ocasiones. Incluido a mi padre. De haber perdido el tiempo con gente estupenda en mi vida por haberme necrosado en una bobada.

7. ¿El mejor recuerdo de su vida?
Cuando tuve a mis hijos. No hay ningún éxito que me haya hecho sentir tanto como cuando tuve a Sarah, que tiene ya 17 años, y a Iker, que tiene 8. Me sentía como si fuera la única mujer que había hecho esa heroicidad en la vida, como si fuera omnipotente. Era una sensación de “cómo he podido hacer una cosa tan grande”. ¡Y fíjate que es lo que hacen todas las mujeres!

8. ¿Cuál sería el menú de su última cena?
Unos huevos fritos con patatas fritas y leche frita. La leche frita, con la receta de mi abuela, que luego la hacía mi madre y yo ya no la sé hacer.

9. ¿Se iría a dormir?
No, por supuesto que no. Lo que sí me gustaría es irme durmiendo con una gran sonrisa. Pero, a dormir, no.

10. ¿Cuál sería su epitafio?
La vida es corta. No la veas pasar. Entra en ella y vívela.

Entrevista aparecida en ‘Magazine Digital’ el 27/05/18 firmada por Álex Rodríguez.
Ilustración de Oriol Malet.
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